martes, 31 de enero de 2012


El lienzo en blanco.

Relatar así como pintar que jamás sucedió sería mofarme de todos ustedes. Inventar sucesos para atraer su atención y comprender lo que digo (o más bien escribo) me convierte en el peor miserable, peor que el mayor político corrupto que no hace más que arrebatarnos un recurso banal, pero yo mucho peor que cualquier maldito de esos querido lector, no busco ni dinero porque aquí si es que es algún lugar  no existe el dinero, no me sirve en un sitio donde estoy solo sino lo que más aprecias, tu tiempo.

Tener tiempo es lo que más aprecio de ustedes, ya que mi tiempo se ha vuelto un lienzo blanco que se me obliga –irónicamente- a pintar, dibujar, escribir, destruirlo así como aquella sonrisa y ése cabello rubio que me atormentan más mi mente aun es atormentada y no me es posible tocar aquel lienzo me quema. Lo detesto, odio aquel lienzo que me incita a pensar mientras hablo y espero que alguna vez logre al menos escribir sobre él o el ideal de pintar aquella imagen para darle una vida que siempre robo en mis obras tanto escritas como en pinturas más necesito aquel preciado don que todos los que son capaces de comprender éste tonto balbuceo eterno poseen. Un balbuceo que yo tan solo entiendo, me creo comprender me cree comprender pero no es así no se entiende, no sabe ni donde se encuentra y quizás mucho menos yo. Para que entiendan mejor, su ser trata de pintar mientras está en su habitación blanca, iluminada casi enceguedora y allí ha estado por años por décadas pero a él todo ese tiempo no es más que una eternidad.
Dispuesto a contar algo, hacer algo ya que ese lienzo es imposible para mi sin embargo tengo que decir algo o escribir aquí en el piso que es lo único que puedo tocar, las paredes, que me parecen demasiado grandes para tan historia tan pobre, así comenzaré con el fin. No recuerdo ni donde nací ni de dónde vengo, solo una imagen estática como lo que a yo me dedico; una pintura y luego un súbito final donde yo me encuentro en éste lugar, taller de artista supongo tanto de escritor como pintor. Se cree bueno en todo, no debo negar que tiene innato el valor artístico en muchos aspectos. Era prodigioso más éstas disciplinas requieren de la misma. No la tenía, era como un niño que improvisaba, curioseaba y del mismo modo se distraía con cualquier desfachatez y lo que iniciaba rara vez lo terminaba o ni lo iniciaba. Por lo general se la pasaba (si no estaba escribiendo o bosquejando) mirando las imágenes de un mundo en continuo movimiento pero a él solo le parecían sucesiones de imágenes estáticas y así las detenía en su pedazo de mente y asesinaba al movimiento a través de las imágenes que él mismo creaba; transformaba el mundo a su antojo, jugaba a ser un dios, al destino de aquellas almas que él robaba para sí para unos fines no muy gratos en verdad.

Un día sin nada que hacer, como casi siempre estuve caminando por las calles donde decenas de personas –si se le pudiera llamar así- caminaba apurada, quizás por una tormenta que se avecinaba o tal vez que estaban retrasados para el trabajo, no lo sé, supongo que harán algo con su patética vida. Caminé para así despejar mi mente cosa que no pasaba ni en mi ni en el cielo, deambulando llegué a una plazoleta o plaza como quieran llamarlo. Me senté en al atrio de la catedral posando mi mirada en un árbol, un roble quizás, enorme que imponente se alzaba sobre aquella soledad estática. El viento comenzó a mecerlo y ahí empezó mi duda de que se sentiría ser un árbol, incapaz de moverse por sí mismo, tanto que el viento lo tiene que ayudar, además solo viendo –si ve- grupos de personas riendo, conversando, besando etc. Sin poder hacer alguna de las mencionadas y tener una sensación de muerte siendo consciente de su existencia viva. La vida que él roba, vivir como una imagen que por más que uno le imprima su vida, sus expectativas, su pasión termina por convertirse en la muerte; morir en el último trazo así como las estocada final, allí está la pintura, se limita a promover sentimientos lo mismo que ver a un ser querido en un ataúd.

Meditar sobre la muerte es una pérdida de tiempo, pero le gusta perder el tiempo. Su mirada que aún parecía perdida se recobró al ver a una mujer que caminado lentamente aún con una posible tormenta se alojaba en las raíces de aquel solitario árbol. Acostándose suavemente lo miró de lejos. Sonrió mientras aquel muchacho se quedaba inmóvil y sentía una presión en sus piernas como si alguien estuviera en sus muslos.  Se sonrojó, trató de evitarla para comprendió que era imposible. Miró aquella extraña imagen como si él fuese el protagonista, inmóvil, muerta así como ya lo supondrá él que todo comenzaba a quedar en blanco. Se limitó a ver sus ojos casi bellos casi hermosos así como su sonrisa que mostraba una corrompida inocencia. Después dejó de sentir, tan solo el viento que lo acariciaba. Ella era como el viento caricias suaves que luego se vuelven en un daño. El viento se volvía cada vez más fuerte mucho más que ya generaba un dolor, un dolor que no podía expresar ni aunque yo lo quisiera.

Ahora estamos los dos, el árbol y yo juntos sufriendo el no poder salir del mismo encierro que solía hacer que nunca fui consciente hasta conocer la nada, la nada que promovía con mi juegos de dios. Ahora que ya ha sido contado quiero tan solo verla otra vez. Fue ella quien me indujo a no volver a pintar, a inmovilizarme, al estar frente a un lienzo en blanco que irónicamente me muestra a mí porque soy el único en verlo yo, un árbol y su sonrisa que como el viento me arrancó de la tierra.

jueves, 26 de enero de 2012


La muerte de la madrastra
No se por que rayos el estaba ahí y ni siquiera yo porqué estoy aquí, solo se que se murió una señora de un país no se cual y de una ciudad no se donde; lo único era que había muerto e íbamos al cementerio, creo q era una madrastra de una prima hermana llamada Anastasia y la mama (¿o era la madrastra?), … Lo único era que estábamos no se si él o yo, o todos aunque creo que era solo él y yo, en una carretera donde solo estaba ésta caravana. Estaba soleado y éste traje de luto que se lo hacen poner a uno lo acalora demasiado  y ése joto cementerio estaba muy lejos, entonces esa caravana decidió parar por ahí, él y yo, o mi familia y yo bueno como sea, entramos a una posada que estaba por el camino, lleno de telarañas en la esquina que provocaba terror al entrar, pero bueno se estaba ahí para comer. Tenía hambre aunque él no, estaba pálido, medio muerto; Comimos y cuando íbamos a salir cayó un baldado de agua-cosa rara-, además nadie había traído paraguas, decidimos no seguir el camino, esperaría a que escampara, pero creo que él se fue con todos ellos.

En esa posada no había cable ni nada, necesitaba entretenerme y me pareció verla…, saqué un cuaderno y lápiz que no recordaba haber traído; aun así quería dibujar algo que siempre se hace en esa isla lejanísima, comencé a dibujar e hice creo que a una mujer, pero no se por que se me hacía tan familiar, como si fuera parte de mi o de nosotros, ella y yo, yo o el, o ustedes y nosotros, bueno todos esos. Me acosté y la volví a ver pero ésta vez mucho más cerca, y con mayor repugnancia, así y todo me volví a la almohada y dormí.

Había despertado aunque parecía dormido, él se volvió hacia la mesa vio el desayuno servido en loza de barro pero tallado hermosamente, no entendía la razón, salió, tomó un taxi hacia ese cementerio y aún estaba toda esa gente allí, no lo entendía, no entendía por qué toda esa gente había permanecido toda una noche ahí, creo que importó poco, estaba aun muy oscuro y la baldosa de la tumba no tenía el nombre de esa señora, ni sus parientes, estaba vacía, pero esa gente seguía llorando, entonces lo vi a él dentro de ése cajón, ese mediático cajón que nos lleva a la trascendencia, creo que vi sus heridas, cinco agujeros en el cuello que aún chorreaban sangre, pero solo yo las veía, Salí corriendo sintiendo una presión en el cuello, entonces la vi y vi ese cuaderno con el dibujo que había hecho o que él había hecho, no entendía, también vi otro cadáver y era una mujer, no veía bien el rostro, pero a ella si la reconocí era Anastasia, con los dedos ensangrentados, recogió el cuaderno y lo abrió, no había nada en él, y comprendí o él comprendió que él es igual que el yo y que éste no es éste sino ella. Anastasia lo miró con sus grandes ojos carmesí y su gran volumen de cabello ondeaba, le dijo algo incomprensible, y junto con el cuaderno, que creía su cuaderno, -pero este cuaderno era su dueño- quedó atrapado con ella y él al mismo tiempo. Mientras ella, esto que había llamado Anastasia y se creí mediático de su creación, era ya libre, inmortal y perfecta.

La cruz y la muñeca
Ellos jamás lo creyeron, jamás, lo creyeron imbécil, desquiciado pero el se resistía, ¿es que acaso no me creen? Preguntaba, solo lo veía a ese punto, nadie creía pero ahí estaba, aun así tendremos que explicar.

Llegó a ése punto cuando su vida estaba en apogeo, una buena casa, soltero pero aclamado el muy promiscuo, con auto deportivo y dos camionetas. Cierto día, oscuro e iluminado a la vez, había salido cuando vio una pequeña muñeca en su jardín, le pareció tan horrible que ni siquiera fue a ponerla a la basura, sin embargo pensó que debió ser hermosa algún tiempo antes, volvió de aquel lugar no se sabe donde, venia medio acalorado y despeinado después de haber salido extrañamente arreglado, aun con el forcejeo no quitaba el pensamiento en esa muñeca, había vuelto a su casa con esperanza de verla pero ella ya no estaba ahí, se puso triste pero su frialdad aun lo controlaba, sin embargo tras esa gran fortaleza ya existía una grieta. Las primeras noches el hombre no soñaba, pero poco a poco una imagen que parecía una cruz, una cruz que estaba con rosas blancas en un principio, pero noche tras noche esas rosas maduraban de una manera hermosa. No le molestaba aquel sueño, era hermoso, pero la noche, bueno esa noche las rosas empezaban a caer marchitas, el hombre viendo un tanto frío no le interesaba, aunque ya había tristeza. Una a una caían, al caer la última una mirada lo aturdió, era la muñeca, despertó.

Desde ese día no tuvo jamás ese sueño, su frialdad y raciocinio cayeron al piso, pronto dio su vida al declive, poco a poco se desinteresaba de todo, jamás se había apegado a algo, pasaba todo el día preguntándose porqué no soñaba, jamás se había preguntado por eso, jamás había soñado y ahora si le preocupa no soñar, pronto perdió su trabajo, no falto tiempo para endeudarse  y comenzar a vivir en la calle, por cuestiones aun desconocidas, tenia un lápiz y una hoja, él jamás había dibujado y dibujó horriblemente, pero a él le pareció hermoso es dibujo pero era horrible, causaba repugnancia pero a él le gustaba, le gustó tanto que robó solo para comprar un cuaderno, lo dibujaba una y otra y otra vez, pronto eso que lo demás consideraban repúgnate lo comenzaban a admirar, pronto dibujaba hermoso, pero lo que él hacía o regalaba o lo vendía apenas para comprar sus materiales y medio algo de comer, pero nada mas, solo dibujaba para olvidarla, pero no sabía que ella estaba en él, su vida comenzaba a recuperarse pero sin llegar a ser la misma, tuvo sueños otra vez, por lo menos cosas que llamarían normales. Sin embargo la mente no puede olvidar lo que la atormente, pronto ese sueño que le daño la vida y la muerte, creó en él el sueño y acabó su realidad.

Se encontraba ya en ese lugar sentado trastornado, no entendía por que había vuelto, no lo entendía, ya no quería soñar, tenia miedo de soñar. Sólo ese día caminado no se sabe si despierto –creo que si- no se veía ninguna expresión, no tenía inspiración, ya no dibujaba, no podía, ahora si sabía que estaban así, ya agotado, la vio, vio a esa muñeca pero estaba diferente, estaba preciosa, arreglada, decir hermosa es quedarse corto, corrió hacia ella, la sujetó en sus brazos, la llevó a su pequeño hogar conseguido no se como, la amarró por miedo a perderla, su cara era feliz y bestial, la besó el loco este, la desvistió este desquiciado e hizo lo que hizo. Estando en esa cima sintió un ruido, salió y eran ésos, los que le quitaron todo, no permitiría que se la llevaran, cuando un llanto sonaba, soñaba el sonido y el sonido soñaba, el llanto era bestial la gente no lo oía, sólo él, la mirada de toda la gente era de lástima, odio y burla, quería parar ese maldito llanto, entró a la casa vio su muñeca con la cruz de su sueño con lagrimas en la mejilla ensangrentada.

miércoles, 25 de enero de 2012

El cuarto de ladrillos


EL CUARTO DE LADRILLOS.

Quisiera que lo que se va a contar tuviera algún sentido más sin embargo el deseo humano carece de ello. Se sueña y quiere en asuntos que resultan extrañamente paradójicos o imposibles, además si le agregamos el uso de la mente fuera de lo convencional nos da una idea que va más allá de lo que se ve, de la realidad, que trasciende de tal modo que se aleja de toda lógica mundana. Haciendo ésta introducción breve me dedicaré a relatar.

La noche estaba en su más profunda oscuridad pues la niebla tapaba la tierra mientras que las nubes  del firmamento estaban hiriendo y asesinando cualquier intento de la luz en su objetivo de iluminar a los seres; siendo así un pronóstico de una mañana fría, lúgubre y tormentosa. Sin embargo aquel pobre muchacho que se debatía entre el sueño y el despertar de manera inquietante jamás lograría ver de nuevo la luz del día porque en el momento de abrir los ojos y de erguir su espalda se encontraría atrapado en un cuarto rodeado de ladrillos sin ningún tipo de salida o escapatoria y no se sabe la razón -ni él ni yo sabemos-. En un principio creía que era un sueño ya que los tenía a menudo pero luego comprobó que era la realidad, echó un vistazo gracias a aquel bombillo que ésa habitación mantenía al lado de su cama y observó que era un cuarto similar al suyo pero ni su computador ni su pequeña televisión se encontraban, a cambio solo estaban su biblioteca con libros tanto inútiles o que ya había leído mucho tiempo atrás y un marco donde cabía un espejo capaz de reflejarlo en su totalidad. Al ver ese marco posicionado a la esquina donde normalmente estaba su tv, comprendió que no se encontraba en su, se sacudió las cobijas con sus piernas para poder levantarse y así buscar, aunque en vano, una forma de escapar. Golpeó los ladrillos con fuerza, dando puñetazos que lo único que hacían era herirlo a sí mismo haciéndole sangrar sus nudillos. Luego lamiéndose los puños para coagular la sangre, tomó aquella biblioteca llena de libros de literatura y otros producto solo de la mercancía para golpear la pared mas tan solo aquellos libros que aun deleitaba leer caía en ése piso color carmesí y asimismo atrofiando su biblioteca dejándola ya casi inutilizable.

Dándose por vencido se sentó en la cama poniéndose sus manos en la cara, ahí se percató de unas manchas profundas como moretones en la base de sus muñecas; las tocó con sus dedos y no produjeron ningún dolor, no sentía nada en esa zona. Mientras veía ésta extraña herida en sus dos manos comenzó a pensar en que sucedería si no lograra salir. Quizás lo extrañarían pero tan solo será un sentimiento efímero. Su madre llorará su pérdida pero tan solo por perder su sostenimiento económico o quizás tan solo por perder al único que podría satisfacer sus necesidades cuando esté anciana. Su padre sentirá máximamente un mínimo sentimiento de dolor y pésame pero sobre todo un alivio al eliminar uno de sus primordiales gastos sin ninguna utilidad. Sin embargo pensó en quien sí en verdad llegaría a extrañarlo toda su vida. Su amada. Con poco más de un año de relación donde por fin después de su niñez se le veía realmente feliz. Su imagen junto a ella lo llenaba de nostalgia que se sentía con una presión en el pecho y cosquilleo en su espalda, más cuando su imagen junto a ella cobraba mayor viveza, un dolor agudo como si fuera un cuchillazo profundo proveniente de sus muñecas comenzó a atormentarlo en un principio agresivamente pero luego el dolor se volvió dulce mientras caía en su cama a medida que aquella sensación llegaba al umbral de ninguna sensación ni consciencia.
  
Despertó cansado y vio a un personaje idéntico a él en la parte inferior de la cama, sosteniendo cuidadosamente con sus dedos una flor violeta. Su mirada era dulce y calmada hacia la flor. Cuando sintió que el muchacho se levantaba volteó su vista para posarla justo en sus ojos, posando una sonrisa en su boca. El que acabó de despertar se quedó inmóvil ante la presencia de un ser idéntico a él, -no es muy común verse a sí mismo de vez en cuando- ya no sentía ningún tipo de dolor mientras el de la flor comenzó a decirle: sí que me diste un gran susto, aun no era la hora ¿sabes? Volteó su mirada a la flor y sin dejar decir ni una sola palabra al otro continuó diciendo; La flor que tengo en mi mano es un lirio, es hermosa pero tiene que cargar con el peso de su oscuro significado, es la encargada de darle fin a toda la vida. El muchacho seguía mudo, estupefacto y tembloroso. Sonriendo, el que sostenía el lirio trató de calmarlo, diciendo que no hay nada de qué preocuparse, es como si le estés hablando a un espejo.   Luego preguntó; ¿Qué crees que es la muerte? El muchacho no salía de su estado de inercia hasta que de nuevo ése dolor pero en menor intensidad y solo en su mano izquierda lo sacó de ése estado. Respondió; la muerte es algo que no se puede saber sino cuando uno ya está del otro lado, cuando uno termina de vivir. Tienes razón en parte, pero yo tengo una mejor explicación. Si miramos la vida, veremos un estado donde todo está, todo existe más la vida tan solo un desconocimiento total. En cambio la muerte, es algo que se sabe que está ahí, respirándonos la nuca y así y todo plasma para la eternidad una imagen que se guarda en la memoria, lastimosamente uno mismo lo debe plasmar.  Su mirada se tornó triste y ansiosa, recogió un cuaderno de dibujo caído junto a los libros de literatura que tenía tan solo un dibujo de gran trabajo y dedicación, los demás eran pobres y triviales. Sosteniendo con fiereza el tallo del lirio lo enterró en su pecho, untando de sangre como si fuera tinta la flor y usando ésta misma para dibujar. Un dibujo que sería el destino final de todos pero en singular el de él. Aquel dibujo de torne realista que comenzaba a configurar una imagen espantosa, asquienta y repulsiva más sin embargo causaba entre todas ellas un sentimiento de lástima.
La imagen cobraba mayor vida mientras el dibujante se desvanecía ante la pérdida de su líquido vital mas no se detuvo hasta que la imagen estuviese culminada a su vez que se apagaba el brillo de sus ojos ante la mirada atónita de su igual. La imagen había sido terminada y el dibujante desangrado caía cumpliendo así su labor mientras el lirio florecía con lúgubre felicidad y así el dolor de las muñecas regresaba con fuerza obligando un grito sordo en la habitación. Las heridas de sus muñecas volvían a su estado real. Sangre brotaba con la mirada horrorizada del ése hombre.

La sangre se derramaba salvajemente en aquel recinto siendo tan solo testigos los fríos bloques de arcilla que ya nada podían hacer para evitar el fatal fin que se aproximaba. Entonces usando sus últimos alientos tomó aquel cuaderno y estupefacto se vio a sí mismo derramando sangre por las muñecas, manchando todos sus libros del mismo color de aquel piso. Se sonrió y mirando que aquel otro se había ido tomó el lirio y posicionándose frente a aquel marco que inexplicablemente lo reflejaba, caía pensando en cómo podía aun estar sangrando y diciendo irónicamente “conque tan solo se plasma”. Cayó en ese piso rojo junto con sus libros cayendo en una oscuridad eterna.

Sintió por fin la nada, como la había deseado, mientras el cielo lloraba como lo hacían los testigos de tan vacía imagen que junto a su cama veían un ser que ya no era al lado de una flor manchada de sangre víctima del asesinato;  llenaban la mañana de ése color gris mezclado con  un sol impotente y un bombillo que se fundía  que solo podían ocultarse del sufrimiento y del embargo de la muerte que extinguía aquel recinto de ladrillos que desaparecía junto con el reflejo de la imagen,  la sangre y de nuevo la nada.